La inspiradora integración de seis estudiantes extranjeros en el Liceo Politécnico Pedro Aguirre Cerda de Cauquenes

 Las aulas del Liceo Politécnico Pedro Aguirre Cerda (LIPAC) se han enriquecido este año con historias de resiliencia, esfuerzo y esperanza. Se trata de seis estudiantes provenientes de Haití y República Dominicana —quienes conforman esta querida delegación integrada por Fredson Tilien (2 A),Wilson St-Hilaire (2 F),Darwin Bouzy (2 A),Djensky Fleurinvil (1F),Job Jamsun Fleurinvil (1F) y Andry de los Santos (1F)-quienes, a pesar de haberse radicado hace muy poco tiempo en la comuna, ya forman parte fundamental de la comunidad educativa del establecimiento.

La llegada de estos jóvenes no ha estado exenta de desafíos. El idioma, especialmente en los primeros momentos, representó una valla que rápidamente supieron sortear gracias a su perseverancia, la calidez de sus compañeros y el compromiso de los docentes. Con especial cariño, los alumnos destacan el acompañamiento y la guía constante de la profesora de ciencias y del profesor de lenguaje, figuras claves en su proceso de adaptación académica.


Si bien el proceso de integrarse a las costumbres chilenas les ha costado un tanto —al igual que acostumbrarse al intenso frío que caracteriza los inviernos cauqueninos—, su entusiasmo por salir adelante es inquebrantable. Son reconocidos por ser buenos estudiantes, disciplinados y con metas claras: desean completar con éxito sus estudios en las especialidades técnico-profesionales del LIPAC y proyectan continuar su formación en la educación superior.


Pero su paso por el liceo no solo se vive entre libros y talleres. Como buenos representantes de sus culturas, conservan una gran pasión por la música, el baile y la práctica del deporte, espacios donde comparten y fraternizan con sus pares chilenos. Asimismo, destaca el profundo amor y respeto que sienten tanto por los símbolos patrios de sus naciones de origen como por los de Chile, adoptando esta tierra que hoy los acoge con un fuerte sentido de gratitud.


Detrás de cada sonrisa y de cada logro diario, persiste también la inevitable nostalgia por su amado país, los familiares que quedaron atrás y los paisajes tropicales que cambiaron por el ritmo apacible del Maule Sur. Sin embargo, en el LIPAC han encontrado una nueva familia y un espacio de oportunidades donde demuestran que, cuando hay voluntad y vocación por aprender, las fronteras simplemente desaparecen.

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